La iniciativa ciudadana, a través de una plataforma digital, busca movilizar a la opinión pública y forzar una respuesta institucional ante el colapso ambiental y operativo de los recorridos naturales emblemáticos de la ciudad. El reclamo exige inversión en infraestructura, controles e implementación de un plan de manejo sostenible para el turismo.
Frente al crecimiento exponencial de visitantes y a la carencia total de infraestructura, regulación y supervisión en los principales circuitos naturales de Ushuaia, una iniciativa ciudadana canaliza el malestar colectivo mediante un petitorio que reclama al Estado acciones inmediatas de planificación, control y educación ambiental. La saturación evidencia una crisis de gestión.
La popularidad de los senderos fueguinos, con el recorrido hacia la laguna Esmeralda a la cabeza, ha motivado que vecinos, turistas y amantes del trekking promuevan una recolección de firmas en la plataforma Change.org dirigida al INFUETUR y a la Secretaría de Ambiente, exigiendo una intervención urgente para fiscalizar y concientizar.
El documento, respaldado por quienes frecuentan estas rutas, denuncia el vacío de controles y servicios esenciales ante una afluencia turística que no deja de crecer.
El núcleo del reclamo radica en la carencia de una estrategia que ordene el acceso a espacios que literalmente colapsan en temporada. En el caso de laguna Esmeralda -un sendero ubicado a unos 18 kilómetros de Ushuaia y uno de los más populares de la región-, el panorama observado por visitantes y medios refleja venta ambulante sin control, alquileres informales de equipo, presencia de guías no habilitados y falta de servicios mínimos como estacionamientos o asistencia organizada.
Los impulsores de la medida advierten que esta situación no solo perjudica la vivencia del visitante, sino que compromete la integridad física de las personas y daña irreversiblemente un patrimonio natural único.
La masiva circulación por un sendero no consolidado ha hecho que, ante el barro o el desgaste del terreno, los caminantes busquen rutas alternativas que abren sendas poco marcadas y aumentan el riesgo de extravíos o accidentes.
A esto se suma la alarma dentro del sector turístico formal, que observa cómo esta realidad proyecta una imagen de desorganización y provisionalidad del destino.
De acuerdo a voces de cámaras empresariales, la falta de presencia estatal y de un marco normativo claro para la gestión de estos espacios fomenta la “precariedad y competencia desleal”, al permitir que operadores no autorizados trabajen en plena naturaleza.
El petitorio enumera solicitudes concretas que van más allá del gesto: señalización correcta de los caminos, regulación de toda actividad comercial, dotación permanente de guardaparques o personal autorizado, e implementación de campañas educativas para la preservación del entorno y la seguridad de los visitantes. También se subraya la urgencia de establecer protocolos de seguridad, que contemplen puestos de primeros auxilios y atención al caminante en rutas de montaña.
En el contexto de un boom global del turismo de naturaleza, la iniciativa presenta una encrucijada ineludible: avanzar hacia un modelo sostenible que resguarde los recursos y asegure condiciones básicas, o permitir que la fama de estos parajes derive en un daño ambiental, económico y social de magnitud, erosionando la esencia misma que los hace atractivos.






