Noticia de Tapa

02/10/2026

Biotecnología antártica

El potencial de los hongos del continente blanco

Sep 3, 2026 | Ambiente

Investigadores argentinos identificaron en hongos adaptados a las condiciones extremas de la Antártida moléculas y enzimas de interés para distintos sectores productivos, mientras advierten sobre la falta de reglas para su eventual explotación comercial.

Las condiciones extremas de la Antártida convirtieron a sus hongos en organismos especialmente atractivos para la investigación biotecnológica. La capacidad de sobrevivir al frío intenso, la radiación ultravioleta, los ciclos de congelamiento y la limitada disponibilidad de nutrientes está asociada con la producción de sustancias que podrían aprovecharse en diferentes actividades.

Un trabajo desarrollado por especialistas del NANOBIOTEC UBA-CONICET, el Instituto Antártico Argentino, la Universidad Nacional de San Martín, la UMYMFOR y la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA reunió evidencias sobre ese potencial. 

Los investigadores detectaron compuestos con propiedades antioxidantes, antimicrobianas, antiinflamatorias y fotoprotectoras, junto con enzimas que conservan su actividad en ambientes fríos, y caracterizaron a estos organismos como “un recurso genético valioso y todavía subexplotado”.

Una de las experiencias consideradas corresponde a un hongo del género Arthrinium, aislado de una macroalga antártica. Sus metabolitos mostraron capacidad para absorber radiación ultravioleta y disminuir el daño oxidativo en células y modelos de piel humana, sin registrar toxicidad durante las pruebas realizadas.

Otros antecedentes amplían las posibilidades hacia el desarrollo de sustancias contra bacterias, levaduras, hongos patógenos y microorganismos resistentes. Entre ellos aparece Penicillium nalgiovense, hallado en el suelo de un antiguo nido de pingüinos, que produjo anfotericina B. El estudio señala que se trató del primer registro de ese antifúngico obtenido de un organismo diferente al utilizado tradicionalmente para producirlo.

El interés biotecnológico también alcanza a las enzimas mediante las cuales estos organismos mantienen su actividad metabólica en condiciones de bajas temperaturas. Lipasas, proteasas y amilasas pueden funcionar eficientemente por debajo de los 20 grados, una característica que permitiría desarrollar procesos con menor consumo energético y preservar sustancias sensibles al calor.

Las posibles aplicaciones abarcan las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética, la producción de detergentes y diferentes procesos de remediación ambiental. Sin embargo, la adaptación al frío presenta una contrapartida: la flexibilidad molecular que permite el funcionamiento a bajas temperaturas disminuye la estabilidad de las enzimas cuando aumenta el calor. La inmovilización y la ingeniería de proteínas aparecen como alternativas para incrementar su resistencia, aunque gran parte de estos desarrollos todavía permanece alejada de una utilización clínica o industrial.

Existe, no obstante, un antecedente que demuestra la posibilidad de atravesar esa barrera. La lipasa B de Moesziomyces antarcticus o Candida antarctica proviene de un microorganismo aislado por científicos japoneses entre 1967 y 1969 en sedimentos del lago Vanda. Con el tiempo, esa enzima se transformó en la base de biocatalizadores comercializados internacionalmente.

Su utilización también coloca en primer plano un problema jurídico y económico. El Sistema del Tratado Antártico dispone el intercambio de resultados científicos y mantiene las posiciones de soberanía de los Estados, pero carece de normas específicas que regulen la explotación comercial de recursos genéticos obtenidos en el continente.

En consecuencia, tampoco establece quién puede adquirir derechos sobre los desarrollos derivados de esos organismos ni de qué manera deberían repartirse los beneficios económicos. Actualmente, los biocatalizadores surgidos de aquel hongo participan de un mercado de cientos de millones de dólares sin un mecanismo específico de distribución de ganancias.

Ante ese escenario, los investigadores plantean la necesidad de establecer reglas para el acceso y utilización de los recursos genéticos antárticos y para el reparto de los ingresos derivados de futuras aplicaciones comerciales. El desafío combina así dos dimensiones: aprovechar un patrimonio biológico con considerable potencial científico y definir previamente las condiciones bajo las cuales ese conocimiento puede convertirse en actividad económica.

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