La denunciante del ex funcionario judicial reconstruyó episodios de amenazas, intimidación, control y sufrimiento durante su convivencia. A cuatro años y medio de la denuncia, espera una resolución judicial y reclama acompañamiento para reconstruir su vida.
Carla Kirsten volvió a relatar los episodios de violencia de género que denunció haber sufrido durante su convivencia con Marcelo Guzmán, ex relator del Superior Tribunal de Justicia de Tierra del Fuego, actualmente sometido a juicio oral por lesiones graves agravadas por el vínculo y por el contexto de violencia de género. Su testimonio reconstruye una historia atravesada por el miedo, las amenazas contra sus hijas, el control de su intimidad y las dificultades que todavía enfrenta para recuperar su estabilidad emocional y económica.
Entrevistada en FM Ushuaia, la mujer describió las consecuencias de haber tenido que declarar nuevamente sobre aquellos acontecimientos, después de cuatro años y medio de espera. La exposición ante el tribunal, realizada por videoconferencia desde Chaco, donde reside actualmente, le provocó una crisis de salud: “Terminé de declarar y estuve descompensada, me asistieron en el hospital de la ciudad y demás, nada grave, solamente cuestiones inherentes a la situación”.
La experiencia judicial también estuvo marcada por la incomodidad de encontrarse visualmente frente al acusado. Kirsten explicó: “Estaba un poco incómoda, porque la cámara enfocaba a todos por igual, inclusive a mi ex pareja y su abogado, entonces me quedaba así en frente y no pensé que iba a ser tan difícil, además del miedo que uno tenía porque yo no sabía con qué me iba a encontrar, con qué panorama”.
Aunque consideró correcto el trato recibido de los magistrados, reconoció que la tensión le impidió reconstruir completamente lo vivido: “Yo en el tribunal declaré lo que más recordé y después al salir había otras cosas que no estaban ni siquiera en la denuncia”.
Entre esos episodios mencionó uno ocurrido mientras estaba embarazada de su segunda hija. Según contó, había pedido prestado el teléfono de Guzmán para comunicarse con su hermana cuando encontró numerosos contactos identificados con servicios sexuales en Buenos Aires, ciudad a la que él viajaba regularmente por motivos académicos, según le manifestaba.
El descubrimiento desencadenó una situación que Kirsten recordó con especial angustia: “Yo estaba embarazada de tres meses, y en ese momento no me pude callar. Por supuesto que no asumió su culpa”. Ante su reclamo, aseguró que la respuesta fue responsabilizarla por haber utilizado el aparato: “Dice ‘¿para qué me revisaste el teléfono?’ fue la respuesta, no explicar por qué”.
La preocupación por su embarazo la llevó a consultar a su ginecólogo y realizarse estudios médicos ante el temor de posibles enfermedades de transmisión sexual. Aquella experiencia, explicó, formó parte de una convivencia en la que los conflictos terminaban frecuentemente invertidos en su contra: “Tenía una habilidad tan grande para dar vuelta encima a las cosas que como que después aprendí” señaló sobre la conducta que atribuye a su expareja.
Pero los hechos que describió como más intimidantes estuvieron relacionados con las amenazas contra sus hijas. Kirsten aseguró que el cargo judicial de Guzmán incrementaba su temor a denunciarlo, porque él invocaba su posición y sus vínculos dentro del Poder Judicial.
Al explicar las razones de su silencio durante aquellos años, sostuvo: “Me amenazaba primero con el tema de la bebé, que él ocupaba un cargo importante”, y recordó una expresión que le atribuía: “Nosotros hacemos lo que queremos, yo hago lo que quiero”.
Las intimidaciones, según su relato, alcanzaron una gravedad todavía mayor cuando involucraron a su hija mayor, que no es hija del acusado. Kirsten afirmó: “Me decía que iba a desaparecer, que nunca más la iba a ver, que nunca la iban a encontrar”, amenazas que vinculaba con historias de desapariciones que él mismo le contaba. Aclaró, sin embargo, que desconocía si aquellas historias eran verdaderas.
El control también habría alcanzado los momentos en que permanecía sola en su vivienda. La mujer describió el hallazgo de un dispositivo de grabación que inicialmente confundió con una memoria informática: “Yo pensé que era un pendrive común, lo pongo en la computadora y encuentro horas y horas de grabaciones solamente mías cuando yo estaba sola con la bebé en la casa. Él se iba al trabajo y la niña más grande se iba a la escuela”.
Aquellas grabaciones, realizadas sin su conocimiento, según denunció, reflejaban para ella una vigilancia permanente dentro del propio hogar. La sensación de inseguridad se prolongó durante años y terminó condicionando sus decisiones personales, familiares y económicas.
Actualmente, Kirsten intenta sostenerse mediante clases de pilates, sin ingresos estables ni vivienda propia. Al describir su situación, expresó que debe afrontar “alquiler, yo no tengo casa propia, no tengo un sueldo fijo, no tengo aguinaldos y me enfermo, como de hecho me pasa”.
También cuestionó la falta de continuidad del acompañamiento que recibió inicialmente. Recordó que distintas personas le ofrecieron asistencia cuando el caso alcanzó repercusión pública, pero su principal pedido nunca obtuvo respuesta: “No pedía que me regalaran nada, que me dieran un trabajo”. Y concluyó: “Eso nunca se cumplió”.
Con los alegatos previstos para este miércoles, Kirsten espera que el proceso concluya y se evalúen los hechos con perspectiva de género. Sin embargo, advirtió que ninguna condena podrá reparar completamente lo ocurrido: “No gané nada yo con denunciarlo. O sea, perdí”.
Su expectativa excede la eventual sanción penal y comprende la situación de las víctimas después del juicio. “Creo que nosotras tenemos más que perder porque tenemos que seguir luchándola por nuestros hijos”, reflexionó.
Sobre el desenlace judicial, evitó reclamar una pena determinada y pidió “sea lo que sea, que sea lo que realmente corresponda”.
Para Carla Kirsten, una sentencia podría cerrar una etapa, aunque la reconstrucción de su vida y la de sus hijas continuará mucho después de que termine el juicio.





