El investigador Adrián Schiavini cuestionó los fundamentos utilizados por la Justicia al cerrar la causa sobre el control de conejos y alertó que esos criterios podrían condicionar futuras intervenciones frente a otras especies problemáticas.
La resolución judicial que puso fin a una causa iniciada en 2020 por las medidas proyectadas para controlar la población de conejos en Ushuaia abrió interrogantes sobre los criterios que podrían aplicarse en futuras intervenciones contra especies exóticas invasoras. Aunque las acciones cuestionadas nunca llegaron a concretarse, especialistas advierten sobre las implicancias ambientales de los fundamentos utilizados en la sentencia.
El doctor en Biología e investigador principal del CADIC-CONICET, Adrián Schiavini, coincidió con la decisión de declarar abstracto el planteo debido a que aquellas medidas habían sido abandonadas hace seis años, pero puso reparos sobre los tiempos judiciales: “Me pregunto por qué se demora tanto en algo que se podría haber resuelto en ese momento”, señaló en FM Ushuaia.
Más allá del cierre del expediente, el investigador centró sus cuestionamientos en la forma de abordar el conflicto ambiental. El conejo, explicó, constituye una especie exótica invasora y, cuando su presencia genera impactos sobre los ecosistemas, puede resultar necesario intervenir sobre sus poblaciones.
Uno de los aspectos objetados fue el tipo de antecedentes considerados en la resolución. Schiavini sostuvo que se incorporaron posiciones provenientes del proteccionismo animal sin recurrir en igual medida a instituciones especializadas en ambiente y biodiversidad: “El juez fundamenta su fallo en declaraciones de organizaciones animalistas y no en organizaciones científicas, académicas o gubernamentales”, afirmó.
La complejidad de estos problemas, planteó, requiere recurrir al conocimiento especializado para determinar los efectos de una especie y definir las alternativas disponibles. “Un funcionario judicial no tiene que saber de todo, pero tiene que tener el criterio suficiente para consultar a otras personas, a otras instituciones, a otros especialistas”, afirmó.
Otro punto de discrepancia aparece en la caracterización del animal realizada en el fallo. Frente a su consideración como fauna silvestre, Schiavini enfatizó su origen introducido y los antecedentes de impacto ambiental: “El conejo es una especie exótica, ha sido dañina, es dañina y amerita control”, remarcó.
Ese manejo, aclaró, debe contemplar criterios de bienestar animal y seleccionar procedimientos que reduzcan el sufrimiento. “Cuando actuás contra ellos tenés que actuar del mejor modo posible en base al estado del arte”, explicó. La ausencia de intervención, añadió, tampoco resulta ambientalmente neutra, porque una especie invasora puede alterar ecosistemas, afectar a otros animales y generar perjuicios productivos. Bajo esa perspectiva, sostuvo: “No hacer nada porque se defiende el derecho de un individuo es desestimar el derecho de los demás seres vivos que son afectados por esa especie”.
La población de conejos registra actualmente niveles bajos en Ushuaia, aunque su comportamiento presenta importantes variaciones. Desde 2013 fueron observados tres ciclos de incremento y disminución, mientras que la última expansión significativa comenzó durante 2019. Por eso, Schiavini rechazó vincular aquel crecimiento con las restricciones impuestas durante la emergencia sanitaria: “El problema de los conejos ya lo teníamos a finales de 2019, cuatro meses antes de la pandemia”, señaló.
Entre las hipótesis para explicar la reducción actual aparece la posible incidencia de alguna enfermedad, dado que existe disponibilidad de alimento y la predación no explicaría por sí sola semejante descenso. La situación, sin embargo, podría revertirse: “Estamos por ahora en una depresión que puede cambiar el año que viene o el otro año”.
Las políticas de control de conejos tienen antecedentes internacionales. El investigador mencionó experiencias desarrolladas en Chile, donde una intervención en una isla permitió recuperar vegetación y áreas utilizadas por aves marinas para reproducirse, y en Australia, donde las distintas alternativas son evaluadas considerando simultáneamente su eficacia y el sufrimiento provocado.
La principal inquietud hacia adelante excede así el caso puntual de los conejos. Schiavini señaló que los criterios contenidos en la sentencia podrían proyectarse sobre otras situaciones que requieren manejo de fauna en Tierra del Fuego, incluidos los perros asilvestrados y sus efectos sobre animales silvestres y establecimientos rurales. “Esto puede tener implicancias en cualquier iniciativa que se tome en cuenta para esto y para otros problemas futuros derivados del manejo de animales silvestres”, señaló. Ante ese escenario, anticipó que remitirá el fallo a la autoridad ambiental para que sean evaluados sus alcances.






