Un análisis genético y morfológico permitió establecer que varias poblaciones consideradas durante décadas como una sola especie pertenecen en realidad a cuatro especies diferentes. Una de ellas, localizada en las islas Kerguelen, nunca había sido descripta formalmente.
La identificación de una nueva especie de pingüino no fue consecuencia del hallazgo de animales hasta ahora desconocidos, sino de una revisión profunda de poblaciones estudiadas desde hace décadas. La comparación entre ejemplares de distintas regiones del hemisferio sur permitió comprobar que bajo la denominación de pingüino papúa se agrupaban en realidad cuatro especies con trayectorias evolutivas diferenciadas.
Para llegar a esa conclusión, los investigadores estudiaron 64 ejemplares procedentes de diez colonias reproductivas. El trabajo combinó análisis del ADN completo con observaciones sobre dimensiones corporales, coloración, alimentación, períodos reproductivos y vocalizaciones, lo que permitió detectar diferencias que no resultaban evidentes a partir de la apariencia externa.
Uno de esos grupos está integrado por los pingüinos que viven en las islas Kerguelen, un archipiélago francés ubicado en el sur del océano Índico, dentro de la región subantártica y a más de 2.000 kilómetros del continente antártico. Esa población pasó a ser reconocida como una especie independiente, denominada científicamente Pygoscelis kerguelensis.
El parecido con el pingüino papúa explica que durante tanto tiempo se los haya incluido dentro de la misma especie. Mantienen el dorso oscuro, el vientre blanco y la franja clara característica sobre la cabeza. Aunque existen variaciones en ciertas medidas corporales y en las vocalizaciones, fueron fundamentalmente los estudios genéticos los que revelaron una separación evolutiva más importante de lo que permitía suponer su aspecto.
La investigación produjo además una revisión general de la clasificación del pingüino papúa. Tres grupos que ya eran considerados subespecies fueron elevados a la categoría de especies independientes. El caso de Kerguelen es diferente, porque esa población nunca había sido reconocida formalmente como una especie propia. Por ese motivo, representa la primera nueva especie de pingüino incorporada a la clasificación científica en más de un siglo.
El nuevo ordenamiento permite además precisar la distribución geográfica de cada grupo. Una de las especies ocupa principalmente la Península Antártica y áreas costeras del continente. Otra reúne poblaciones del Atlántico Sur, entre ellas las Islas Malvinas y ejemplares presentes en el canal Beagle. Pygoscelis kerguelensis, en tanto, se encuentra en el ambiente subantártico de Kerguelen, separado por miles de kilómetros.
La diferenciación también resulta relevante para las estrategias de conservación. Mientras todas esas poblaciones eran consideradas integrantes de una misma especie ampliamente distribuida, una disminución importante en un grupo reducido podía quedar disimulada dentro de las cifras generales. La nueva clasificación permitirá evaluar por separado su abundancia, evolución y vulnerabilidad frente a cambios ambientales.
El cambio climático aparece como uno de los factores que podrían profundizar esas diferencias. Las proyecciones hacia 2050 indican que los pingüinos de las islas subantárticas podrían perder parte de las zonas adecuadas para alimentarse y reproducirse, con escasas alternativas cercanas para desplazarse. En contraste, la especie antártica podría ampliar alrededor de un 9% su hábitat favorable hacia sectores centrales y australes de la Península Antártica Occidental.






