El especialista antártico analizó el proyecto de Base Naval Integrada en Ushuaia, respaldó su construcción para fortalecer la defensa nacional y sostuvo que el desarrollo antártico civil requiere una plataforma propia, internacional, privada y articulada institucionalmente.
La construcción de una Base Naval Integrada en Ushuaia representa, para Daniel Legiuzamón, una oportunidad relevante tanto para liberar el espacio que ocupa actualmente la Armada en el centro urbano como para fortalecer las capacidades de defensa nacional. Sin embargo, el especialista en turismo antártico planteó que ese proyecto debe diferenciarse con claridad de la infraestructura civil destinada a captar operaciones científicas y logísticas internacionales.
Durante una entrevista por FM Ushuaia, Legiuzamón recordó que la relocalización de la base no es una idea reciente. “En realidad es un proyecto que viene en los años 93, 94, cuando ya tanto el gobernador como el intendente planteaban que la base naval estaba interrumpiendo la ciudad, la estaba cortando al medio”, explicó. Aquella propuesta, señaló, no incluía inicialmente la dimensión logística antártica, que formaba parte de un proyecto provincial diferente.
Ese antecedente era el Área Antártida Internacional de Ushuaia, concebida como “una plataforma operativa, logística, científica, académica y cultural”. Su objetivo consistía en brindar bienes y servicios no sólo al Programa Antártico Argentino, sino también a los países que desarrollan investigación en el sector antártico vinculado con la Argentina. Según indicó, actualmente son 57 los países involucrados en actividades antárticas y 24 de ellos operan desde Punta Arenas.
Ushuaia, sostuvo, reúne condiciones excepcionales para ese desarrollo. El proyecto contemplaba un aeropuerto, un grupo operativo con depósito fiscal para materiales en tránsito y un muelle logístico. “La península se transformaba como una plataforma imbatible a nivel internacional porque no hay ningún país en el mundo que pueda tener un aeropuerto, todo un centro logístico y un muelle logístico en menos de 1.000 metros”, afirmó. A esa cercanía añadió la condición de área estéril, que evitaría que los materiales de tránsito se mezclen con la dinámica urbana.
Legiuzamón remarcó que acompaña sin reservas la ejecución de una nueva base. “Estamos todos de acuerdo y nos parece un proyecto fantástico no solamente por lo que le sirve Ushuaia, de despejar toda la zona donde ahora está la base naval, sino por el tema de defensa nacional, del cual coincidimos 100%”, manifestó. Su reparo está centrado en la decisión de incorporar el componente civil y logístico bajo una conducción estrictamente militar.
A su juicio, ambos ámbitos deberían coexistir, aunque bajo lógicas institucionales distintas. “Tienen que ser ámbitos separados y manejados con criterios separados”, resumió. Explicó que la legislación argentina establece que las Fuerzas Armadas constituyen el brazo logístico del Programa Antártico Argentino, pero aclaró que “esa ley argentina no es aplicable para los otros 57 países”.
En esa diferencia ubicó el principal desafío para atraer nuevas operaciones. “Entonces, esos países no quieren someterse especialmente a condiciones logísticas que no les resultan viables”, señaló, al comparar el modelo local con el funcionamiento de Nueva Zelanda, Australia y Chile, donde los servicios destinados a la actividad antártica internacional tienen participación privada. Para el entrevistado, la cuestión no supone una objeción a las Fuerzas Armadas, sino una definición funcional sobre cómo se organiza la actividad en el mundo.
El contraste con Punta Arenas fue uno de los ejes de su análisis. “Tenemos un puerto natural protegido de aguas profundas que Chile no tiene, tenemos un aeropuerto internacional que entra hasta el Ántonov más grande del mundo, que Chile no tiene, tenemos un sector privado, tenemos una plataforma científica, académica, tenemos todo y somos la menos desarrollada”, afirmó. Mientras la ciudad chilena concentra operaciones de 24 países, Ushuaia recibe de manera esporádica el paso de los rompehielos de Brasil y España.
La posibilidad económica, según expuso, excede ampliamente al turismo antártico. “Tenemos una veta muy importante que el mundo está mandando más o menos por año unos 700 millones de dólares al cuadrante nuestro de la Antártida. Nosotros solamente de eso captamos 160 millones en turismo antártico”. El resto de los recursos asociados a la ciencia, los suministros, los servicios y la logística no llegan a la provincia, indicó, por falta de condiciones e instrumentos adecuados.
Para revertir esa situación, consideró necesario recuperar acuerdos previos y dar intervención a Nación, Provincia, Municipio, sistema científico, universidad y sector privado. Recordó que existen las leyes provinciales 585 y 640, orientadas al desarrollo de Tierra del Fuego como plataforma internacional de apoyo logístico, y propuso que la Nación revise esos antecedentes antes de definir el diseño final.
La alternativa, planteó, no requiere resignar superficie ni capacidades para la defensa. “Hay lugar de sobra para que la Armada tenga ahí lo que necesita”, aseguró, y añadió que también puede reservarse un sector civil para el área antártica internacional, con depósitos, operaciones aeroportuarias y un muelle mixto.
“Apoyamos no 100, 1.000% que se haga con todo lo que se necesita”, concluyó Daniel Leguizamón, aunque insistió en que la oportunidad será mayor si Ushuaia ofrece una plataforma compatible con los estándares, la seguridad jurídica y la cooperación internacional que demanda la actividad antártica.






