Noticia de Tapa

02/10/2026

Hacia el océano

El deshielo antártico libera mercurio acumulado

Ago 12, 2026 | Ambiente

El retroceso de los glaciares está liberando mercurio acumulado durante décadas en hielo, suelos y sedimentos de la península antártica, con potenciales efectos sobre ecosistemas, pesquerías y cadenas alimentarias del océano austral.

El avance del cambio climático está provocando una transformación ambiental que va más allá de la pérdida de hielo en la Antártida. El aumento de las temperaturas y el retroceso de los glaciares están favoreciendo la movilización de mercurio acumulado durante décadas en distintos sectores de la península antártica, permitiendo que este contaminante llegue al océano austral.

La conclusión surge de una investigación internacional encabezada por el científico ambiental Chengzhen Zhou, de la Universidad de Pekín. El equipo examinó 16 núcleos de sedimentos y reconstruyó la evolución de la presencia de mercurio durante los últimos 200 años. Los resultados fueron publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El estudio determinó que la plataforma de la península antártica acumula mercurio a una velocidad que duplica el promedio registrado a nivel mundial. Además, la cantidad acumulada aumentó un 160% desde el comienzo de la industrialización, en un proceso vinculado con contaminantes que llegaron a la región desde otras partes del planeta.

Durante décadas, las emisiones de mercurio producidas fuera de la Antártida fueron trasladadas por la atmósfera y las corrientes oceánicas. Una vez alcanzada la región polar, el metal quedó retenido en hielos, suelos y sedimentos. El calentamiento comenzó a modificar ese mecanismo de almacenamiento al favorecer el retroceso glaciar y la erosión de depósitos antiguos.

Las mediciones realizadas por los investigadores reflejan un crecimiento significativo de la movilización del contaminante. La liberación terrestre de mercurio hacia el océano aumentó aproximadamente un 550%, mientras que el intercambio entre la atmósfera y el mar se incrementó un 350%.

La preocupación central está relacionada con el ingreso del mercurio en los ecosistemas marinos. Allí, determinadas bacterias pueden transformarlo en metilmercurio, una sustancia altamente tóxica que se acumula en los organismos y puede concentrarse progresivamente a medida que avanza por la cadena alimentaria. El recorrido puede comenzar en organismos pequeños y continuar hacia el krill, los peces y los grandes depredadores.

La situación también plantea interrogantes para la actividad pesquera del océano Austral. Los investigadores detectaron concentraciones elevadas de mercurio en ejemplares de merluza negra y en algunos tiburones, especies que forman parte de ecosistemas donde la presencia creciente del contaminante podría tener consecuencias.

A esto se suma otro mecanismo favorecido por la pérdida de hielo. El análisis determinó que una cantidad mayor de mercurio proveniente de la atmósfera está ingresando directamente al agua que queda expuesta por el retroceso de las superficies congeladas. De esta manera, el calentamiento puede actuar simultáneamente sobre los depósitos históricos y sobre el intercambio entre aire y océano.

Los investigadores sostienen que la península antártica está dejando de comportarse exclusivamente como un reservorio para convertirse también en una fuente activa de contaminación. El fenómeno podría repetirse en otras zonas del océano austral y, en ese contexto, advirtieron que “la amenaza potencial de contaminación por mercurio para los ecosistemas y la pesca podría verse aún más amplificada”.

El hallazgo incorpora una nueva dimensión a los efectos ambientales asociados con el calentamiento global. La reducción de las masas de hielo no solo modifica el paisaje y las condiciones de los ecosistemas antárticos, sino que también puede reactivar contaminantes acumulados durante generaciones y facilitar su incorporación a las redes alimentarias marinas.

Ante este escenario, los autores remarcaron la importancia de reducir las emisiones de mercurio y, al mismo tiempo, las de gases de efecto invernadero. La disminución del calentamiento permitiría limitar el retroceso de los glaciares y, con ello, contener la movilización de un contaminante cuyos efectos pueden extenderse desde la península antártica hacia todo el océano austral.

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