Marcelo, te vamos a extrañar siempre

Ahora, queda todo lo que intentaste compartir. Como preceptor durante muchos años en el CIEU, como docente de química particular y como un apasionado del karate okinawense. Como amigo y como vecino de la ciudad a la que tanto amaste.

Siempre, y en cada momento, fuiste un maestro de la pasión por las cosas que emprendiste.

Grandes y pequeños compartieron la mezcla de compromiso y alegría con la que regalaste grandes momentos. Y todo, con la mayor dedicación.

Ayer, te recordaron bien tus ex alumnas y alumnos del CIEU. Te honraron cada uno de tus alumnos y padres que te conocieron en las clases de karate.

Te quisieron y extrañaron tus compañeros y contrincantes. No es puede pedir más Marcelo.

Tu pasión porque otros aprendan es lo que queda. El recuerdo de tus alumnos, el respeto de tus pares y el afecto de tus amigos. Sobre todo, el amor por tu familia.

Marcelo: fuiste y seguirás siendo un guerrero. ¿Quién podrá borrar de sus recuerdos la pausa previa al inicio del un kata, tu mirada fija puesta en un punto antes de iniciar la secuencia y la precisión exacta de cada una de tus formas y movimientos?

Ahora, solo importa todo lo que dejaste.

En el Karate y en la vida fuiste un maestro de la forma. La forma de vivir, la de enseñar a tus alumnos, la de comprometerse con los demás, la alegría de andar por la vida. La forma de hacer familia.

Marcelo, te vamos a extrañar siempre. Porque hiciste todo lo necesario para que quede el mejor y el más grande de tus recuerdos.