La segunda entrega de los Premios Monte Olivia reunió a escaladores, montañistas y colaboradores de toda la provincia, con reconocimientos a trayectorias, travesías y aportes que fortalecen la actividad y su memoria colectiva.
El Museo Virginia Choquintel fue escenario el sábado de la segunda edición de los Premios Monte Olivia, una ceremonia que reunió en Río Grande a representantes de distintas generaciones del montañismo y la escalada fueguina. La iniciativa, realizada inicialmente en Ushuaia, extendió esta vez su alcance territorial y reconoció tanto experiencias deportivas como aportes vinculados con el desarrollo y cuidado de la actividad.
Sergio Mingrino, uno de los promotores de la efeméride y de los premios, recordó en FM Ushuaia que la fecha fue instituida mediante la Ley provincial 1610 en homenaje al montañista y rescatista ushuaiense Juan Ignacio Macías. Al referirse a la propuesta, indicó que “son instancias de gala, de reconocimiento precisamente a las personas que realizan este tipo de deportes y actividades”.
La realización en Río Grande buscó consolidar el carácter provincial de la celebración. Para Mingrino, la ciudad reúne una comunidad con extensa experiencia en montaña y escalada, por lo que la alternancia de sedes permite reflejar con mayor amplitud una práctica presente en diversos lugares de Tierra del Fuego.
La selección de las personas distinguidas no responde a un esquema competitivo ni a categorías fijas. Durante los meses previos, la organización recibe antecedentes, relatos y reseñas de actividades, y evalúa cuáles resultan significativos.
En esta edición, el reconocimiento alcanzó también a quienes completaron travesías y a personas que contribuyen desde otras tareas al crecimiento de estas disciplinas.
Entre ellas se encuentran quienes participan voluntariamente en la limpieza de senderos, lagunas y cascadas. El criterio contempla ascensos y desafíos técnicos, pero también la formación de jóvenes, el compromiso institucional y las acciones que ayudan a preservar los espacios naturales. “Nadie compite con nadie. Simplemente destacamos lo que nos parece más relevante”, explicó Mingrino.
Las valoraciones son analizadas por referentes de cada especialidad, ya que una travesía, una escalada o una ascensión invernal demandan condiciones y parámetros diferentes. La ceremonia, su infraestructura y los premios se sostienen, además, con recursos aportados por quienes integran el grupo organizador.
El costo del equipamiento es otro de los desafíos para quienes practican estas actividades. Mingrino señaló que la disponibilidad de materiales técnicos homologados no presentó grandes inconvenientes en la provincia, aunque su precio se volvió cada vez más difícil de afrontar. Cuerdas, cascos y otros elementos deben renovarse conforme a su vida útil y resultan indispensables para la seguridad. “Hay dispositivos de los cuales realmente vas a estar dependiendo”, remarcó.
La jornada procuró también rescatar la trayectoria de quienes abrieron caminos antes del crecimiento actual de la actividad, participaron en las primeras comisiones de auxilio y grupos de rescate o transmitieron sus conocimientos a nuevas generaciones. “Tenemos una historia viva, contemporánea y rica que vale la pena analizarla y ser escuchada”, sostuvo finalmente Sergio Mingrino.






