UNA PROFESIÓN INUSUAL. Kim, tanatoesteticista: “Alguien lo tiene que hacer”

La profesión de tanatoesteticista consiste en la preservación y preparación del cuerpo de una persona fallecida, antes del velatorio. Una experta ushuaiense cuenta detalles de tan particular especialidad.

Kim Rodríguez es, de profesión, tanatoesteticista. En Noticia de Tapa Radio explicó que su especialidad, para lo cual estudió y titi su título, es “devolverle el último halo de identidad a la persona que está fallecida”. La tanatoestética es el trabajo con el cuerpo de las personas fallecidas. Ahora, además, avanza en estudios de tanatología, propiamente.

Kim señaló que esa curiosidad por la muerte se despertó en ella desde muy chica: “Siempre me fascinó lo que tiene que ver con la muerte y lo que conlleva. No desde el morbo, sino desde el aprender, desde el saber”.

Así fue como logró la posibilidad de estudiar la especialidad, la distancia, la de tanatoesteticista, que distinguió de la tanatopraxia, que sería para el saneamiento y la preservación, que, adelantó, comenzará a cursar de forma presencial desde octubre en Buenos Aires.

tanatoesteticista

Mi pasión es devolver ese último halo de identidad que nos queda, porque una vez que morimos, pasamos a ser un número. Todos, sin distinción

“Soy maquilladora”, confió también, y es allí donde encuentra la otra mitad de la fundamentación para elegir una carrera de la cual no se tiene mucho conocimiento. “Fue como unir mis dos pasiones, la obsesión que siento de verdad por la muerte, me gusta mucho, no le tengo miedo; y el maquillaje”.

También anuncia estudios de tecnicatura de investigación de la escena de crimen, una especialidad colateral, no menos interesante. “Mi pasión es devolver ese último halo de identidad que nos queda, porque una vez que morimos, pasamos a ser un número. Todos, sin distinción”, definió.

Adentrándose en los pormenores de su original profesión, relató que su actividad se divide en dos cursos: preservación y estética.

La estética, la última parte, es “peinarlos, pintarle las uñas, maquillarlos. Incluso en la práctica está permitido que esa última parte la haga la familia, si lo quieren”.

Antes de eso, es necesaria la preservación y limpieza del cuerpo. “Tiene mucho que ver dónde fallecen y cómo. Por ejemplo, un abuelito que falleció en un geriátrico, generalmente viene limpio, cuidado. Pero quien viene de una morgue judicial, es totalmente diferente” advirtió sin querer entrar en detalles escabrosos.

Es que, la parte de la preservación, “no es la más linda, no es una práctica linda. Pero alguien lo tiene que hacer”.

Algunas otras particularidades y curiosidades en el ejercicio de su profesión, por lo general se dan en la preparación estética para el momento del velatorio. Por ejemplo, la ropa “se la pedimos a la familia. Muchas veces no se puede poner de forma tradicional, porque cambia el peso o por decirlo de alguna manera ‘no colabora’. Es muy difícil manipular a una persona que está fallecida”.

Un requerimiento habitual, sobre todo con las mujeres, se remite al maquillaje del cuerpo sin vida: “Labiales, el peinado, la posición de las manos, la ropa”.

Mencionó con admiración a su profesor, Miguel Ángel Prieto, “que me formó, muy reconocido en Argentina. Él nos costó historias muy raras, como familias que querían estar presentes en él embalsamamiento pero que les fue negado”.

Su maletín de trabajo involucra descartables, agujas, jeringas, delantales, químicos, “que son muy caros y muy difícil de conseguir”. Para la parte estética utiliza otro maletín, que no difiere mucho en su contenido al de cualquier maquilladora profesional.

Un mínimo trabajo de preservación en ocasiones se debe hacer, por ejemplo, cuando un velatorio requiere dos o tres días porque vienen parientes del exterior, o porque el cuerpo mismo tiene que viajar de una provincia a otra, o incluso al exterior. “Se hace un pequeño trabajo sobre todo para que no haya malos momentos en la ceremonia. Todo superficial y tranquilo”.

Kim Rodríguez transmite con total naturalidad las características de su oficio, pero sabe perfectamente que a la mayoría es un tema que le causa angustia. Por eso aprecia su trabajo, porque en un marco de tristeza y hasta tragedia “se llevan una imagen completamente diferente. Yo me quedo con eso y lo quiero transmitir. Sé que es el peor día de sus vidas por perder a alguien que quiere mucho. Pero siempre dándole un toque de humanidad, digo ‘yo voy a estar ahí para tu mamá, tu papá, tu hermano, tus hijos, quedate tranquila que en mis manos no van a sufrir más’. Eso siento que quiero transmitir con el trabajo que hago y lo que me motiva a hacerlo. Por eso me gusta tanto”.