Vecinos de Ushuaia se reunieron a orillas del Canal Beagle para ver el eclipse

Un grupo de habitantes de la ciudad de Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, se congregó esta noche para observar el eclipse total de luna desde la orilla del Canal Beagle y frente al cartel luminoso con el nombre de la capital fueguina.


Las personas llegaron caminando o en vehículos que se fueron estacionando alrededor de la Bahía Encerrada, a pocos metros de la zona céntrica, y sus ocupantes aguardaron en el interior o al lado de los autos el momento del fenómeno astronómico.


Si bien unas horas antes el cielo se presentaba nuboso, lo que hacía pensar en una escasa visibilidad, pasadas las 23 las condiciones mejoraron y el eclipse pudo ser visto casi en su totalidad, solo con algunos momentos de interrupción de la visual por la presencia de nubes pasajeras.

A las condiciones del cielo se sumó una temperatura agradable para esta época del año en territorio fueguino, y la ausencia de viento, lo que animó a más gente a llegar al lugar.

Familias completas, con chicos de corta edad y en algunos casos hasta con mascotas, se acercaron en su mayoría hasta el telescopio de Bryant González, el mochilero, astrónomo aficionado y divulgador científico venezolano que llegó a Ushuaia para observar el eclipse lunar y ofició de guía para los más inexpertos.

Abuelos con sus nietos, padres con sus hijos, docentes de distintas escuelas, turistas y aficionados por la observación de los astros fueron haciéndole preguntas al aventurero que respondió las inquietudes una por una y transmitió parte del evento por sus redes sociales.

“Esa parte oscura que empieza a formarse es el comienzo del eclipse. Cuando la penumbra cubra la luna en su totalidad, el tono de la superficie lunar se verá rojizo, debido a la descomposición de los rayos solares al pasar por la atmósfera terrestre como sucede con un arco iris”, explicó el astrónomo aficionado a un hombre que portaba una cámara de fotos.

“Nunca vi un eclipse tan claro en Ushuaia, y tan de cerca. Es una experiencia sensacional”, dijo una de las mujeres fascinada por el espectáculo.

A su lado, una docente del colegio secundario José Martí comentó que un taller de astronomía gestado hace años en la escuela sirvió para generar el interés de profesores y alumnos por los eclipses y la observación de las estrellas.

“Mamá, tenemos que soplar las nubes, para que se vayan y nos dejen ver la luna”, propuso también una nena de unos ocho años mientras correteaba por la zona.
Motociclistas que se detenían unos instantes para mirar el cielo, jóvenes que buscaban los planos más convenientes para tomarse selfies y personas que intercambiaban mates y charlas sobre las constelaciones formaron parte también de las múltiples escenas generadas en el lugar.


“La luna se ve diferente aquí que en otras latitudes. Se podría decir que se ve invertida, debido a la perspectiva que tenemos desde la tierra. Las constelaciones, incluso, no se ven igual desde el sur del planeta que desde el norte”, detalló González ante otra pregunta que le realizaron.


“Los eclipses han ayudado a los científicos a entender aspectos del funcionamiento del universo y a calcular con precisión, por ejemplo, la distancia entre el sol y la tierra. La luna está a veces más cerca y a veces más lejos, pero no siempre va a estar con nosotros. En miles de años quizá se aleje tanto que ya no podamos verla”, dijo el mochilero.


El aventurero venezolano difunde este tipo de experiencias a través del sitio web y de las redes sociales de su proyecto “Mochileros astronómicos”, mientras que su periplo por Latinoamérica a lo largo de cinco años dio origen a dos libros: “El Planetarista” y la novela de ciencia ficción “Migrantes a Marte”.


“Ahora van a ver un último punto blanco de la luna, justo antes de que el eclipse sea completo, brillar como si fuera un diamante”, anticipó Bryant, pero justo una nube densa cubrió de negro el cielo y la observación del eclipse en el Fin del Mundo se tornó más dificultosa.