El relevamiento provincial cuantificó gases de efecto invernadero de 2022, identificó el peso de la matriz energética basada en combustibles fósiles y aportará información para definir políticas públicas de reducción.
Tierra del Fuego cuenta con un inventario de gases de efecto invernadero que permite identificar las fuentes de emisión asociadas a las actividades que se desarrollan en la provincia. El relevamiento, elaborado sobre datos consolidados de 2022, estimó un total de 3,3 millones de toneladas y apunta a aportar una referencia para la planificación ambiental y energética de los próximos años.
En diálogo con FM Ushuaia, el director provincial de Cambio Climático y Vigilancia Atmosférica, Sergio Camargo, explicó que el trabajo no se limita a una cifra global, sino que reconstruye el impacto de diferentes sectores. “El mapeo de emisiones se realiza a través de tener en cuenta los consumos de energía o de emisiones”, señaló, antes de precisar que el análisis abarca “las actividades que desarrolla la provincia en términos generales”.
La metodología toma, entre otros indicadores, el combustible utilizado para calefaccionar viviendas, las cargas de los vehículos y el gas consumido para producir electricidad en las centrales fueguinas. Con esos volúmenes, expresados en metros cúbicos o litros, se aplican ecuaciones y coeficientes internacionales.
Camargo indicó que se trata de parámetros estandarizados por el IPCC, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que permiten estimar los gases derivados de “la quema de gas, la quema del combustible, de la generación de residuos que emiten metano por ejemplo, de la producción industrial”.
El informe incorpora además características específicas del territorio fueguino. Algunas actividades requieren criterios de cálculo propios porque no se encuentran contempladas de manera directa por los estándares generales. Entre ellas, el funcionario mencionó las consecuencias de la acción de los castores, los desmontes e inundaciones vinculados con las castoreras, la extracción de leña y los cambios en el uso del suelo.
Sobre este último punto, diferenció que “una cosa es que cortes madera de un bosque que va a seguir siendo bosque, que tiene una metodología de cálculo, y otra cosa es que cortes un bosque para poner una urbanización, o sea, tiene otra metodología de cálculo”. Para reunir esa información, agregó, “necesitás todo ese tipo de información y un trabajo minucioso que hay que hacer para conseguirla”.
Aunque Tierra del Fuego registra emisiones reducidas al compararlas con escalas nacionales o globales, Camargo sostuvo que el objetivo es conocer con precisión la situación de partida. “Tenemos una base de donde partir hacia adelante pensando si es necesario aplicar políticas públicas o de gestión que pretendan reducir las emisiones hacia el futuro”, afirmó. A su criterio, el inventario constituye “una herramienta de política ambiental” para orientar mejoras y decisiones de gestión.
La próxima actualización ya se encuentra en marcha con datos de 2024. El funcionario explicó que la pandemia condicionó la disponibilidad y representatividad de la información correspondiente a 2020, mientras que el vínculo con el Instituto Provincial de Estadística permitió ordenar la obtención de series y datos específicos. Entre los más complejos aparecen las emisiones fugitivas de la producción hidrocarburífera, vinculadas con porcentajes de gas metano que se liberan sin integrar el producto contabilizado.
El resultado por habitante, cercano a 17 toneladas anuales, supera la media nacional estimada en alrededor de 8 toneladas. Camargo lo relacionó con una matriz energética predominantemente fósil: “Tenemos una matriz energética muy fósil”. Frente a provincias que combinan combustibles con energía hidráulica, eólica u otras fuentes, planteó que paulatinamente incorporar en la matriz energética provincial alguna energía renovable permitiría reducir el impacto.
El inventario también abre la discusión sobre la capacidad provincial de capturar carbono. Turberas, bosques, estepa y mar actúan como sumideros naturales, por lo que la Dirección trabaja en un balance entre las emisiones y la fijación anual. “Creo que todavía tenemos un balance positivo, somos más fijadores de carbono, tenemos grandes sumideros que emisores”, evaluó Camargo, aunque advirtió que ello “no nos debería relajar en cuanto a las políticas que pudiéramos llegar a tener para reducir las emisiones a futuro”.
En cuanto a los residuos, aclaró que su incidencia es menor y que aún se requiere desagregar la composición de los materiales que ingresan a los rellenos sanitarios. Las bajas temperaturas, explicó, limitan la descomposición orgánica y las emisiones de metano. “Hay algunas ideas que van en esa dirección, ojalá que podamos avanzar”, concluyó sobre el eventual aprovechamiento de ese gas para generar electricidad.






