El histórico locutor fueguino repasó anécdotas, desafíos profesionales y la evolución de la radio en un diálogo íntimo en Radio Ushuaia, donde destacó la importancia de los detalles en la transmisión en vivo.
En el marco del Día del Locutor, Marcelo Murphy, una de las voces más reconocidas de Ushuaia, compartió reflexiones y experiencias acumuladas en décadas frente al micrófono.
Por FM Ushuaia, con una mezcla de nostalgia y rigor profesional Murphy subrayó que la tecnología ha transformado los medios.
Pero rescató la esencia de la profesión, y al respecto recordó que el 3 de julio de 1943 se fundó la Sociedad Argentina de Locutores (SAL), citando a sus pioneros: "El primer presidente era Pedro del Olmo, y el secretario, Roberto Galán".
Sin embargo, más allá de los datos históricos, Murphy enfatizó el oficio vivo: "Algunos locutores todavía impostan la voz. Yo uso la que Dios me dio".
Junto a su colega Mirta Kaszuba, Murphy revivió situaciones límite, como el desfile del 12 de octubre bajo la lluvia: "Se nos mojaron los papeles, se borroneó todo y tuvimos que improvisar. En la locución, a eso le llamamos ‘guitarrear’, pero hay que ser coherente". También hubo espacio para el humor: "Una vez, durante la presentación de perros salchichas, todos empezaron a hacer sus necesidades en plena transmisión. Esa parte fue una ‘cagada’", bromeó.
Sobre los errores, Murphy admitió que incluso los más experimentados tropiezan: "A Mirta le pasó nombrar a una senadora que no estaba, y la invitó al corte de cintas. Todos la buscaban…". Pero destacó la humildad de figuras como Abel Pintos, quien exigió ser presentado por locutores locales, en contraste con otros artistas que "no querían voces regionales en el escenario".
El locutor rindió homenaje a sus referentes: a nivel nacional, mencionó a Cacho Fontana (Norberto Palese). En Tierra del Fuego, recordó a Antonio Wallner, "mi maestro, con solo una mirada me hacía notar un error". También evocó a José Isorna, la primera voz de Radio Nacional Ushuaia en 1961, y a Angelito Fernández, quien difundía publicidad con altoparlantes por las calles: "Era parte de la historia oral de la ciudad".
Murphy detalló los desafíos de eventos como la cumbre del Mercosur o la visita de Nelson Mandela: "Son pruebas de fuego. Pero hasta un acto pequeño exige nervios y verificación constante. Si una autoridad falta, el orden protocolario cambia, y el locutor debe ajustarse al segundo".
Sobre las dificultades técnicas, confesó que "los números romanos o las cifras largas son un dolor de cabeza. Una vez leí ‘millones’ en vez de ‘billones’… La diferencia la pagué yo", ironizó.
Al cerrar, Murphy celebró a las nuevas generaciones de locutores fueguinos: "Vienen con curiosidad y respeto. Eso mantiene viva la profesión". Y con una sonrisa, recordó al arcángel San Gabriel, patrón de los locutores: "Fue el primer anunciador: le dijo a María que sería madre. ¡Imaginen su voz en Radio Nacional Belén!". Una analogía divina para un oficio que, como él mismo define, se nutre de pasión, precisión y algo de picardía.






