El piloto detalló las condiciones meteorológicas, la preparación del helicóptero y los tiempos que demandó la evacuación del guía lamentablemente fallecido durante el operativo realizado el jueves pasado.
La evacuación aérea del guía de montaña que sufrió un evento cardiorrespiratorio en el glaciar del Ojo del Albino estuvo atravesada por condiciones meteorológicas adversas y por la necesidad de adaptar rápidamente una aeronave destinada habitualmente a otras tareas. El piloto Roberto Valdés, integrante de la Comisión de Auxilio, explicó en FM Ushuaia cómo se desarrolló el procedimiento y cuáles fueron las principales dificultades.
La alerta llegó alrededor de las 14 del jueves, cuando el equipo recibió la notificación sobre un guía con un probable paro cardíaco. La respuesta aérea se activó de inmediato porque, ante este tipo de emergencias, la velocidad resulta determinante.
Valdés relató que el personal se encontraba en el hangar y eso permitió acelerar la preparación: “Justo estábamos con otros vuelos, pero en el intermedio, en el recambio, tenemos todo el personal ahí, así que enseguida alistamos el helicóptero y lo tuvimos lo más rápido que pudimos a disposición para salir”.
El Bölkow BO 105 de HeliUshuaia despegó cerca de las 14.30 rumbo al glaciar, aunque el escenario meteorológico complicó la aproximación y posteriormente la extracción. Describió las condiciones meteorológicas como “bastante feas, realmente bastante viento norte arriba, voladeros, luz plana, una condición bastante mala”.
Una vez en el lugar, el personal sanitario descendió y continuó las maniobras de reanimación que ya habían comenzado antes de la llegada del helicóptero.
La aeronave emprendió el regreso cerca de las 15 y el traslado hasta Ushuaia demandó entre 7 y 10 minutos. En la ciudad esperaba una ambulancia para continuar con el procedimiento médico. El desenlace fue finalmente fatal, pese a la intervención realizada durante el operativo.
Más allá del vuelo propiamente dicho, Valdés explicó que el tiempo de respuesta incluye una serie de tareas que deben cumplirse antes del despegue. “Desde que se da aviso nosotros bueno tenemos un tiempo de reconfiguración del helicóptero”, señaló, porque la aeronave habitualmente lleva asientos para pasajeros y, para una evacuación sanitaria, es necesario retirarlos e instalar el equipamiento correspondiente para el médico. A eso se suma la preparación del combustible y la llegada de los integrantes de la Comisión de Auxilio y del personal sanitario.
Por ese motivo, el piloto estimó que “se hizo lo más rápido posible”, aunque remarcó que las condiciones meteorológicas constituyen un factor determinante. Durante la operación, el viento llegó a presentar ráfagas de entre 30 y 40 nudos, equivalentes a unos 70 kilómetros por hora.
La situación obligó incluso a evaluar la posibilidad de interrumpir la extracción. “Estuvimos a punto de abandonar la extracción, yo estaba a punto de tomar la decisión de volver”, reconoció Valdés, quien había pedido a los rescatistas que aceleraran el ascenso al helicóptero porque “realmente se había puesto difícil arriba”. Finalmente, la maniobra pudo completarse y la aeronave emprendió el regreso, aunque el guía no logró sobrevivir.
El piloto también puso en contexto la utilización de la aeronave. HeliUshuaia desarrolla principalmente actividades vinculadas con el turismo y el helicóptero cumple una doble función. “Nos dedicamos al turismo íntegramente hace muchos años”, explicó, y señaló que esa actividad “permite que podamos tener este tipo de aeronaves que también sirven para este tipo de eventos”, sostuvo.
El BO 105 es un helicóptero bimotor utilizado internacionalmente para tareas de rescate, mientras que la empresa también dispone de un avión sanitario. Sin embargo, ninguno permanece configurado exclusivamente para emergencias: “En ambos casos cumplen la doble función siempre, están preparados con asientos para cumplir la función turística o de traslado”.
La reconfiguración es apenas una parte de la espera previa. “No solamente es la reconfiguración del helicóptero sino también es el tiempo que se tarda en que los rescatistas lleguen hasta el aeropuerto”, explicó Valdés. Entre reunir los elementos técnicos, trasladarse hasta el aeropuerto viejo y completar la preparación, “siempre tenés 20 a 30 minutos entre que está la comunicación y están todos prestos para poder partir”. Para el piloto, esos son los tiempos reales de una respuesta de este tipo, a los que después se agregan las condiciones del terreno y del clima.
La experiencia de la evacuación volvió a mostrar que una operación de emergencia en montaña no depende únicamente de la disponibilidad de un helicóptero, sino también de la posibilidad concreta de volar, aterrizar y extraer a una persona sin poner en riesgo al resto del equipo.
“Nosotros, que se queden tranquilos, tratamos de hacer lo máximo posible”, expresó finalmente Roberto Valdés.






