La población de Tierra del Fuego atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento: en dos décadas, las personas de 60 años y más pasaron de representar menos del 5% a superar el 10%, con efectos sobre las políticas públicas.
El fenómeno fue analizado por Julieta López, investigadora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, durante una entrevista en FM Ushuaia, a partir de un estudio presentado en el precongreso del Fin del Mundo 2026. La especialista explicó que la provincia, históricamente identificada como joven, está modificando esa estructura.
“Somos una provincia históricamente joven, con población predominantemente joven, donde los mayores de 60 no constituían una proporción importante de la población”, señaló López.
La investigadora recordó que muchas personas abandonaban la provincia al alcanzar la edad jubilatoria o finalizar su ciclo laboral, aunque Tierra del Fuego mantiene tasas de inmigración positivas. “Somos una provincia con tasas de inmigración positivas, lo que quiere decir que la tendencia es a incorporar población en ese balance entre idas y vueltas”, explicó.
Según el análisis, la migración también modificó su composición etaria. “A partir de los 50 años, por lo menos entre 2001 y 2010, se veía una marcada tendencia a la inmigración”, indicó, y agregó que los datos recientes muestran un progresivo envejecimiento de quienes llegan.
El cambio adquiere una dimensión particular por su velocidad. “En 20 años hubo un cambio que por ahí a nivel nacional llevó 50 años, 70, fue mucho más paulatino ese proceso a nivel nacional”, sostuvo López. La explicación también se relaciona con el tamaño de la población provincial, que no llega a los 200.000 habitantes.
Entre los factores centrales ubicó “la caída fuerte de la fecundidad que venimos observando desde 2015 sobre todo”, y señaló que ese proceso produjo una reducción de la población de entre 0 y 14 años. “Tenemos por un lado el efecto conjunto de la caída de la fecundidad, alguna modificación de los patrones migratorios, y también las mejoras en la esperanza de vida”, resumió.
López remarcó además que Tierra del Fuego “es una de las provincias con mayores niveles de esperanza de vida”.
En paralelo, el estudio permitió advertir que los migrantes recientes son cada vez mayores, aunque todavía quedan aspectos por profundizar. “En lo que se podría seguir ahondando es si vienen a trabajar, si son personas que todavía están en actividad, si persiguen una jubilación”, explicó.
En cuanto a los hogares, señaló que cerca de un 10% de las personas mayores viven solas, mientras que casi un 60% reside en hogares nucleares con familiares. El dato adquiere relevancia ante una estructura poblacional que continuará transformándose.
López consideró que el momento actual ofrece una oportunidad para anticipar respuestas. “Estamos a tiempo de que se generen herramientas de decisiones políticas, herramientas de política pública para considerar las necesidades de este grupo poblacional”, afirmó.
El desafío alcanza también a las familias que sostienen las tareas de cuidado. La investigadora advirtió que el crecimiento de la población de 75 años y más implicará mayores necesidades de asistencia y una eventual pérdida progresiva de autonomía. También planteó políticas de prevención, salud y calidad de vida, “cómo lograr llegar a transitar la última etapa de la vida con salud, sostener la autonomía la mayor cantidad de años posible”.
Para Julieta López, todavía existe margen para adaptar la provincia a esa transformación. “Me parece que es oportuno, lo cual no es poco”, sostuvo finalmente, porque permite diseñar respuestas antes de que las necesidades asociadas al envejecimiento se conviertan en una presión mayor sobre las familias y los servicios públicos.






