El personal civil y militar que se desempeña en la Antártida Argentina puede disponer de verduras frescas para su alimentación a partir de un proyecto mancomunado, liderado por el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), del cual forman parte el Comando Conjunto Antártico, la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y la Universidad de la Patagonia Austral (UNPA).
El proyecto inició hace más de 10 años en Río Gallegos donde está ubicado el Maphi X que sirvió como instancia de experimentación e investigación antes de la implementación del modelo de cultivo en el Continente Blanco. En aquel entonces, el investigador de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en Santa Cruz, Jorge Birgi, había sido contactado vía correo electrónico por una doctora de la Dirección Nacional Antártica (DNA) que le preguntaba cómo se podía hacer para alimentar con verdura fresca a las dotaciones de las bases argentinas en la Antártida.
A partir de allí se pensó en la hidroponía, producción sin suelo, a base de agua luz y nutrientes agregados. Aunque este es un sistema muy difundido se encaró el desafío de adaptarlo a las condiciones climáticas extremas del Círculo Polar Antártico.
“La condensación, el puente térmico, la distribución… El desafío técnico pasa más por vincular los sistemas productivos a una estructura que por la producción en sí misma”, explica Birgi quien es ingeniero agrónomo recibido en la Universidad de Tucumán con una Maestría en Desarrollo de zonas áridas y semiáridas en la Universidad de Santiago del Estero.
El Maphi 1 fue el primer módulo instalado en la Antártida. Está en la Base Marambio, mide 6 metros de largo por 2,4 de ancho y es iluminado por luces halógenas.
Le siguió el Maphi 2, en Base Esperanza, cuyas dimensiones son similares a las de un contenedor marítimo (10,4 por 3,7 metros). Este se caracteriza por tener dos pisos: en el primero están el depósito y las máquinas de bombeo de soluciones; y en el segundo, el sistema productivo en sí mismo. Dispone de luces de cultivo específicas para el cultivo de hojas.
Un tercer módulo se emplazó en la Base Belgrano 2. Se trata del Maphi 3, de menores dimensiones que los otros, 2,9 por 3,2 metros, que además cuenta con luces de sodio de alta presión y luces led. Este, más cerca del Polo Sur requiere de mayor cantidad de calor por lo cual se implementaron luces de sodio de alta presión. “Aunque no es eficiente, nos da luz y más calor. El interés es dual, que dé luz y que caliente a la planta”, mencionó Birgi.
El agua, que es el elemento clave, puede tomarse de dos lagunas en Marambio. En la Base Esperanza también se puede obtener agua en estado líquido en ciertos momentos del año aunque en la Base Belgrano es necesario cortar bloquees de hielo y derretirlos dentro del módulo. Birgi señaló que “es agua de máxima calidad, prácticamente destilada. Se la filtra para evitar sedimentos y cuando ingresa al sistema se le agrega una solución nutritiva en base a fertilizantes disponibles en el país”.
Todos los Maphi tienen en común el llamado “vertical farming” que consiste en un sistema de estanterías.
Las semillas que se utilizan para los cultivos son enviadas desde el módulo experimental.
En los módulos antárticos lo que más se produce es lechuga: crespa, de borde liso y morada; pero también perejil, cilantro, rúcula, albahaca, rabanitos y, en menor medida, espinaca y acelga, que no tienen tanta demanda.
En cada módulo trabajan tres personas: una es la autorizada a manipular las semillas y los cultivos; otra persona se especializa en las necesidades eléctricas y electrónicas del módulo, y una tercera se enfoca en la parte informática. Destaca que una parte importante de las tareas y procesos de los Maphi están automatizados y son controlados con paneles de monitoreo desarrollados a medida.
Gracias al esfuerzo conjunto de profesionales de las instituciones involucradas, el personal argentino de la Antártida está reemplazando las verduras enlatadas por vegetales recién cosechados.






